Tomando como base la aportacion de un amigo y asiduo lector de este blog, parafrasenado la letra de una canción, "Lo que vayas a decir, seguro que otro lo ha dicho mejor", copio a continación un artículo (del cual subscribo todas y cadas unas de sus palabras) escrito por Sergi Ramis en la
revista Altaïr, con motivo de la edición por parte de esta revista, de su primer número especial centrado en esta modalidad de viaje que es el trekking.
Lo que sobre todo trato de lograr con este post, es que mi familia, amigos y conocidos, entiendan lo me mueve a realizar este tipo de viajes, además de lo que me aportan. Para algunos, una autentica locura, para otros, simplemente una calcetinada.
Quiero dedicarselo especialmente, a los que han sido compañeros de viaje en alguno de los trekkings que he realizado hasta el momento.
"Todos los viajes dejan huella en la mente de quienes los protagonizan. En muchos casos se trata de un sello que pervive, que tiene la capacidad de remover hábitos y formas de actuar y pensar. En otras ocasiones el recuerdo va difuminado con el regreso a la vida cotidiana y los problemas rutinarios, y al final es como una tenue neblina, pálido reflejo de lo que una vez habitó en nuestro cerebro. La primera vez que afrontamos la preparación de un trekking asaltan dudas y temores: ¿Seremos capaces de caminar tantos días seguidos?¿estará nuestro cuerpo preparado para un ejercicio tan intenso?¿seremos atacados por el mal de altura? Y la etapa reina, ¿podremos vencerla en condiciones? Pero pocas veces nos preguntamos sobre los efectos que en nuestra forma de pensar y vivir tendrá la travesía.
Existente desde que el ser humano comenzó a trillar caminos por necesidad vital o económica, el desplazamiento a pie tomó, en la segunda mitad del siglo XX, una dimensión diferente: había gente que, en las montañas mas imponentes del planeta, pagaba a otras personas para que les acompañaran y asistieran en un viaje a pie...realizado por el puro placer de hacerlo. El excursionismo con apoyos tomó entonces en nombre inglés de trekking, concepto que se ha extendido y que ha tomado variantes locales. Hiking,walking,rambling,tramping, bushing. Todo es para decir lo mismo, descubrir el mundo caminando.
Los efectos balsámicos más inmediatos del trekking tienen lugar tras las primeras jornadas. Cuando los temores a la inoperancia física comienzan a ser vencidos, cuando nos damos cuenta de que compartimos sendero con personas de más edad que se han atrevido con el enbite, la mente comienza a abrirse y a absorber sensaciones inesperadas. La de las fragancias, por ejemplo. La percepción de los olores, que van mutando conforme el sol va tomando protagonismo en la cúpula celeste, siendo más delicados durante las horas crepusculares, mientras que rudos en el momento central del día. La constatación de los sonidos, ausentes de ruidos motorizados. Es uno de los impactos mas sobresalientes de este tipo de viajes. Las carreteras quedan lejos, los medios mecánicos para trasladarse no existen. Las líneas telefónicas y eléctricas quedaron en el fondo de los valles. El senderista, entonces, viaja a través del tunel del tiempo y regresa a la época en que el ser humano era consciente de sus propias limitaciones, no tenía más ayuda que las caballerías para transportarse él mismo y sus pertenencias.
El trekker avanza a una velocidad que ronda los 4 km por hora. No ha lugar a frenazos o a saltarse pueblecitos interesantes por apresuramiento. Quedan momentos libres para ordeñar los paisajes, las luces y sensaciones. Queda espacio para contactar con las personas del camino, para interesarse por las actividades de los lugareños y para departir con otros caminantes que, casi con toda seguridad, no volverá a ver nunca más, pero que por unas semanas se convertirán en compañeros.
Pero, tal vez, lo más impotante del trekking es que proporcinoa una oportunidad que vale su peso en oro: el viajero tiene horas y horas para estar consigo mismo, para reflexionar, libre del alud de informaciones y estímulos que en su entorno cotidiano recibe en cada minuto. Sin advertirlo al principio, el senderista irá planteándose aspectos de su vida, corrigiendo decisiones tomadas, ahondando en temas por los que había pasado de forma superficial. Y, tras todo ello, será una persona diferente. Cuando regrese a las zonas iluminadas por la electricidad o asistidas por agua corriente valorará el milagro de las ventajas que goza cada día.
Y si para el protagonista del trekking el viaje tienen un efecto revolucionario en su cabeza-y también en su cuerpo-no es menos valioso lo que representa para las zonas que visita. El trekking, que ha prosperado en todas las regiones del planeta, ha demostrado que existe una forma plausible de hacer turismo despacio, sin crear grandes infraestructuras ajenas a la cultura local, sin transformar, en lo estético paisajes orgullosos.
Hay quien hace una broma fácil diciendo que eso del trekking es aquello a lo que toda la vida hemos denominado excursionismo. Claro. Pero también es una forma de crear riqueza en zonas alejadas alejadas de los grandes centros turísticos, lugares en los que la población local se relaciona con los recién llegados ofreciendo unos alojamientos y una comida modestos, pero auténticos. Donde hombres que siempre se han ganado la vida porteando mercancías ahora pueden hacer lo mismo pero multiplicando sus benefecios.
El trekking, desarrollado adecuadamente, se aproxima mucho al ideal de industria turística que tiene un efecto benefactor tanto en los receptores como en los emisores. Also sobre lo que meditar cuando muchos modelos turísticos se están siguiendo sin la obligada reflexión previa."